Hace unos días me topé con una tertulia taurina en la barra de un bar y allí me quedé escuchando. Hablaban del campo bravo, del cuidado y cariño que ganaderos y, en general, todos los taurinos tienen a los animales y al campo. Y uno de los presentes contó una historia de un semental. De un semental a título póstumo.

La historia trata de un toro de la ganadería de “Las Ramblas”, lidiado en la plaza de toros de Valencia hace unos diez años. Un toro de bandera, al que le cortaron las dos orejas y que recibió todos los premios de esta importante feria.

El ganadero, que estaba presente en el festejo, pidió que se le extrajeran todas las pajuelas posibles al animal, al objeto de poder inseminar a sus vacas, pues un ejemplar tan bravo y noble debería perdurar en el tiempo.

Y así fue, ese toro que triunfó esa tarde en Valencia se convirtió en semantal, y sus hijos volvieron a triunfar. Algo que ocurrió unos 4 años más tarde en el coso francés de Bayona, de la mano de Julián López, ‘El Juli’, donde torero, ganadero y mayoral salieron a hombros.

Así es el campo bravo, así es el mundo del toro. Y es que el toro es el único animal que tiene la posiblidad de lograr la gloria, de hacerse inmortal y de perdurar una vez muerto.

Fuente

¿Cuál es el hierro más antiguo de España?

Únete al grupo de El Diestro y Olé en Facebook

Si te gusta El Diestro y Olé puedes seguirnos en Twitter

Infórmate de las mejores noticias en El Diestro